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TIO SAM, ¡NO SEA TAN SAPO, TAN LAMBÓN,..!

Por: Luis Felipe Lopéz Castillo*


Internacionalista y estudiante de maestría

Lo que se va a leer a continuación podría ir en la franja televisiva del sábado en la noche. Los Estados Unidos son el principal garante de la democracia, por eso se asume que todas las acciones que ejecuta, las realiza en pro de garantizar los derechos y proteger las libertades alrededor del mundo. Está bien, eso no es un chiste. Lo siento, pero de solo escucharlo, una tímida sonrisa aparece en mi rostro, porque la verdad ni los estadounidenses creen eso. Esta afirmación es similar a decir que Pablo Escobar era un ganadero de bien, James Rodríguez un cantante de rap, o Esperanza Gómez una colegiala virginal.


Todo comenzó hace más de 150 años, cuando a alguien se le ocurrió la brillante idea de decir que los Estados Unidos tenían el derecho de expandirse de costa a costa por el territorio americano. ¡Vaya error!, Por piedad Doc., envíe a Marty en el Deloryan y evite que eso ocurra, así de seguro va a salvar muchas vidas. Y la verdad, es que a raíz de esa filosofía denominada Destino Manifiesto, el país norteamericano ha mantenido la creencia nacional de ser el pueblo elegido por Dios para convertirse en una potencia económica, política, militar, cultural, etc., viéndose a sí mismos como los protectores de la libertad y de la democracia a nivel mundial. En otras palabras, cuentan con un aval “divino” que justifica la intromisión en asuntos internos de otros Estados; como diría uno de los técnicos más exitosos de toda la historia del fútbol Joseph Guardiola: “se cree el puto jefe y el puto amo” del sistema internacional. 


Pero y, ¿qué se puede hacer, en un escenario internacional caracterizado por una estructura anárquica donde cada unidad persigue sus propios intereses?, la respuesta no es muy alentadora. Por eso, mediante el espíritu de Diomedes digo, si el sistema fuera estable todo el tiempo, los gringos no se meterían, ni invadirían por plata, o en su defecto, por petróleo. 


Primero fue Afganistán, después Irak, posteriormente Siria, y al parecer, ahora le toca el turno a la pobre República Bolivariana de Venezuela, y digo pobre en sentido figurado, porque en realidad los recursos energéticos de que goza esta nación le dan una riqueza impresionante, teniendo en cuenta que el país es poseedor de las mayores reservas de petróleo del mundo. Por esta razón, desde ya hace un tiempo los Estados Unidos decidieron poner en su lista de objetivos al país sudamericano. Pero claro, el Gobierno de Trump no dice esto, la Casa Blanca argumenta que tiene bajo la mira Caracas con el fin de proteger a la población venezolana de las malas decisiones de Maduro. Y no nos digamos mentiras, el sucesor de Chávez es un dictador ilegítimo, con vínculos en la cadena del narcotráfico, que maneja la legislación de acuerdo a sus intereses y utiliza la represión contra todo aquel que se muestre divergente con las políticas de gobierno. Definitivamente, al lado de este personaje, un miembro del Clan del Golfo es candidato a ser el Papa. Por lo anterior, considero de vital importancia que la comunidad internacional actúe ante estos hechos, pero preferiblemente que sean Organizaciones Internacionales u Organizaciones no Gubernamentales, no Estados con doble moral.  


Pero, ¿por qué el Tío Sam tiene que meter las narices donde no lo han llamado? Qué coincidencia que siempre que digan petróleo Estados Unidos aparezca. La política de Norteamérica es como la de un cobrador gota a gota, solo intereses. 

Ahora bien, en un escenario geopolítico mundial donde China y Rusia juegan un rol cada vez más protagónico en zonas que antes se encontraban bajo la influencia estadounidense, como por ejemplo Medio Oriente, el presidente Trump no se puede dar el lujo de dejar espacios vacíos en su mal llamado “patio trasero”, y menos en un periodo de elecciones presidenciales. 


Entendiendo que su manejo ante la crisis sanitaria por el nuevo coronavirus ha sido altamente criticado y su popularidad  en todas las encuestas ha sido afectada (BBC,2020), los fines “altruistas” (lástima que estas comillas no puedan ser de mayor tamaño) de la libertad por Venezuela, parecen ser la carta definitiva en la carrera política por la Casa Blanca. Sin embargo, como he mencionado a lo largo del texto, la clave para entender esta posición radica, tal y como decía el asesor estadounidense Zbigniew Brzezinski, en ver el sistema mundial como un gran tablero de ajedrez, donde Venezuela por sus riquezas naturales puede ser considerada como un alfil de alto valor estratégico al servicio norteamericano.  


Por todo lo anterior, basándome un poco en los famosos cantantes colombianos Garzón y Collazos: “Estado cuánto petróleo tienes cuánto vales, principio de la actual filosofía”. Pero ¡basta ya!, de forma muy decente se lo pedimos, respetadísimo Tío Sam, no sea tan sapo, tan lambón, ….! 


*Luis Felipe López Castillo, Profesional en Relaciones Internacionales y Estudios Políticos de la Universidad Militar Nueva Granada. Actualmente se desempeña como asesor internacional de Europa & Asia en la Escuela Militar de Cadetes "General José María Córdova" del Ejército Nacional, y es estudiante de la Maestría en Seguridad y Defensa Nacionales de la Escuela Superior de Guerra.


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